En todos hay un escritor. Por más escondido que este se encuentre. Algunas veces se manifiesta y quiere ser la voz de muchas voces y la de uno mismo. Ser testigo y narrador de nuestra historia, amigo y enemigo de nuestros miedos y alegrías, tratar a la realidad como una igual, subyugar lo indomable y liberar lo oprimido. Combatir la intolerancia en una guerra sin cuartel a palabra suelta. Desafiar a nuestra propia inteligencia y re-definir las reglas en las cuales se basa nuestra ya tan reestructurada sociedad. Pero lo más importante sea, tal vez, la indescriptible sensación que nos produce, el dibujar con nuestras palabras en la imaginación de otros.

Bienvenidos.

C.A.

martes, 30 de diciembre de 2014

LA DECADENCIA DE UN IMPERIO Y LOS ATAQUES DE ÁCIDO


¿Qué es el hijab? ¿Cómo llegó a Irán? ¿A quiénes afecta? ¿Quién lo controla?

Allá por el año 651 d.C un creciente imperio islámico entraba al ilustre, culto y avanzado territorio persa, por aquellos entonces cuna de las civilizaciones y padre de un sinfín de aportes sociales y culturales que perduran hasta nuestros días. El efecto que tendría el ingreso de la nueva religión sería impactante, desplazando a los zoroastristas y sustituyendo su religión por la de los seguidores de Mahoma.

Más de mil trescientos años después, por primera vez se derrocaba a la monarquía iraní, a los sucesores de los infinitos reyes persas que habían dominado durante milenios extensiones de tierra inimaginables. En 1979, ante las crecientes presiones populares y el abandono por parte de su principal aliado los Estados Unidos, el entonces rey de Irán Reza Pahlevi – conocido como el Shah – quien desafió al tío Sam en su delirio de grandeza, tuvo que abandonar su corona y huir del país. Ya enfermo y moribundo vio desde lejos cómo la turba de revolucionarios islámicos se quedaban con el país y se lo entregaban en bandeja de plata a su líder, el Ayatollah Khomeini. Fue entonces que todo cambió en Irán, en uno de los quizás más radicales cambios de la historia en un país en tan poco tiempo. De repente el régimen totalitario del monarca daba paso a lo que sería una supuesta república islámica, y como república, se trataría de un régimen democrático. Pero las cosas no salieron tan bien como muchos de los que apoyaron esa revolución esperaban. El trato sanguinario de los Savak – policía secreta del régimen monárquico – que perseguía, torturaba y hacía desaparecer a los opositores del régimen del Shah se vio suplantada por todo un sistema islámico que no toleraría ningún indicio de discrepancia con la floreciente revolución. En lugar del Savak, surgieron los “Comité” y los “Basij”. Los primeros, una suerte de policía militarizada y los segundos, grupos de civiles armados dispuestos a dar su vida por el nuevo régimen, fueron los encargados de controlar que todo habitante viviera en base a las nuevas leyes islámicas, y de apagar todo indicio de contra revolución, o una simple expresión de ideas que pusieran en peligro el nuevo régimen. Quizás más peligrosos que el Comité fueron los Ansar-e Hizbola que junto a los Basiji, milicianos vestidos de civil que ayudan al régimen cuando necesita mantener la seguridad dentro de la sociedad.

Fue entonces, cuando todo comenzó. Luego de más de mil trescientos años de entrado el Islam a Irán, ahora se formaba la República Islámica de Irán, y lo que antes era una opción de religión, pasó a ser lo mandatorio de toda una nación. La constitución se hizo en base al Corán y el clérigo de los ayatollah – antes actores religiosos – comenzó a tomar cada vez más relevancia política. Los círculos de poder sufrieron grandes metamorfosis. Los revolucionarios pasaron a tener los roles protagónicos, por el simple hecho de haber puesto su fuerza bruta en favor de la revolución, sin importar quienes eran, de dónde venían, si sabían leer o escribir. Como todo cambio radical político, la población más ilustrada fue puesta bajo la lupa, y aquellos seres pensantes con un grado más de formación académica que pensaran diferente a los ayatollah fueron perseguidos, enjuiciados y exterminados o simplemente fueron víctimas del exilio. De repente los gobernantes del país pasaron a ser aquellos que meses antes atendían un almacén, recojían la basura o le cortaban el pasto a algún miembro de la realeza – sin desmerecer ninguna de las funciones antes mencionadas –.
Lo que contaba no era la experiencia, la formación académica o las aptitudes personales o profesionales, sino la presencia de una tupida barba, la ferviente devoción del Islám y el estar dispuesto a dar su vida por el régimen. Incluso el cuerpo diplomático pasó a formarse desde ese entonces por los seres más decrépitos de la nación, teniendo sus claras consecuencias en las relaciones del país con el extranjero, otorgando importantes cargos a personas que apenas si sabían escribir su nombre.

Enseguida vendría la guerra. En 1980, el entonces mandatario iraquí Saddam Hussein le declaraba la guerra a Irán, contando con el total apoyo de potencias occidentales como los Estados Unidos de América y otros países árabes. Por aquél entonces Saddam era bueno, y era la mano firme del gobierno de Carter en su último año de presidencia, y los que le seguirían como Reagan. Ocho años de una dura guerra sin sentido masacraron a más de dos millones de almas de ambos lados de la frontera. Ocho años de guerra fueron un agravante determinante para la desculturización de la población iraní, del resquebrajamiento continuo de sus fundamentos culturales y sus reglas comunitarias, de las bases conceptuales de su ciudadanía. Ocho años bastaron para generar un continuo ambiente de desconfianza hacia el otro, sumidos en un régimen que mientras combatía el enemigo extranjero, se transformaba día a día en un monstruo que consumía a la gente de su propia patria, incentivando el odio entre su propia gente, persiguiendo a todo aquél que tuviera siquiera un atisbo de ideas que pudieran cuestionar los “valores islámicos” del nuevo régimen. Las necesidades que la población pasó durante esos ocho años, los bloqueos comerciales, la falta de alimentos y de recursos de un país en guerra contra medio mundo hicieron flaquear la solidaridad entre los ciudadanos, quienes sumidos en la necesidad más elementales y apretados por las presiones económicas y sociales se vieron presas de la máxima expresión del “sálvese quien pueda”. Entonces como perfectos cangrejos atrapados en un balde, cada cual comenzó su carrera hacia el éxito para alcanzar la superficie, volviéndose religioso de repente, dejándose crecer la barba, cambiando sus ideales o simplemente vendiendo a sus propios familiares y amigos a los “comité” para así sumar un punto más que le permitiera introducirse en el nuevo y corrupto sistema. Aquellos que combatieron contra los iraquíes y sobrevivieron heredaron grandes ventajas.

Como la religión pasó a ser el elemento de referencia a nivel legal, sucedió lo que siempre sucede en estas situaciones, cuando la divinidad se mezcla con la política. Los más horrendos crímenes se comenzaron a cometer en el nombre de la religión, y todo componente político y social del país comenzó a ser juzgado por el clérigo y sus fundamentos. Si usted quiere ser parlamentario, primero el consejo religioso y espiritual debe comprobar que usted reza las veces necesarias por día, que tiene la barba bien tupida, que su mujer e hijas son mujeres sumisas y pulcras, dignas de un musulmán, que tienen el velo cubriéndoles todo el cabello y que no les gusta maquillarse ni escuchar música. Esto se trasladó también a las clases más remotas de la población. De repente estaba prohibido festejar un casamiento, escuchar música en los autos, tener trato con el sexo opuesto, divertirse de cualquier manera. Comenzaron a ser premiados aquellos que vistieron de negro y adoptaron una actitud vengativa y hostil hacia todo el “mal musulmán”.

Desde 1979 la morfología social de Irán fue sufriendo reiteradas transformaciones, y sus lógicas de funcionamiento se complejizaron a tal grado que solamente un iraní que haya vivido allí puede entender en parte los intrincados estándares sociales y comportamientos colectivos actuales. Dependiendo del presidente de turno – el cual debe ser aprobado por el líder religioso y espiritual de la nación, que no es otra cosa que un monarca o dictador supremo – las medidas de control sobre el comportamiento de los iraníes se fue flexibilizando o agudizando un poco más. El pueblo se convirtió en títere de los titiriteros, y con métodos como el tenue alargamiento de las cadenas que sujetan a cada iraní del cuello, o con un tirón más fuerte, el gobierno ha entretenido a su gente durante ya más de tres décadas. Sobrevivieron y se hicieron fuertes aquellos que se adaptaron mejor al nuevo y despiadado sistema, donde hay que devorar para no ser devorado, lo cual logró algo mucho más peligroso que el mero hecho de tener un sistema político corrupto. El resultado alcanzado fue la corrupción de la población iraní, de las masas, de sus núcleos más personales. El iraní promedio se dio cuenta de que para sobrevivir en ese nuevo país se tenía que adaptar a sus reglas, tenía que aprender a mentir muy bien, a ventajear todo cuanto estuviera a su alcance, a infiltrarse en los cargos públicos y a sacarle tajada a esa semejante ventaja. Muchos aprendieron a hacer fortunas en base a la venta de las ayudas humanitarias que llegaban durante la guerra, o incluso hoy en día cuando lo mismo sucede luego de un gran terremoto o una gran inundación. Cada cual tuvo que aprender a escalar por el balde aplastando al que se le cruzara en el camino, desafiando hasta el extremo las reglas de la moral y la ética de un pueblo milenario.

El papel de la mujer tuvo un cambio más que radical. Ellas ya no podían lucir sus minifaldas ni sus peinados a la última moda europea, sino que se tenían que limitar a elegir un color de túnica no muy llamativo para cubrir sus cuerpos. Pero ese no fue en verdad el problema, ya que la revolución que se llevó acabo fue obra del pueblo, y como tal se eligió un régimen islámico. El problema real fue su denigración a un lugar mucho más penoso en la sociedad, no permitiéndole manejar, fumar en la vía pública o incluso salir del país sin permiso de un macho alfa en la familia. Fue entonces que se instaló el Hijab, que no es otra cosa que el atuendo islámico de las mujeres musulmanas, el cual pasó a ser de gran relevancia, a simbolizar la actitud sumisa de la mujer en la sociedad iraní.

Les recomiendo en este sentido que vean la película Persépolis, un largometraje que estuvo nominado a los premios Oscar como mejor película extranjera.

Hace pocas semanas una mujer iraní sufrió un ataque en plena ciudad de Isfahán, ciudad de increíble belleza y tradición. Ella iba manejando su auto, pues con el pasar de los años se fueron flexibilizando algunas cosas, y mientras se encontraba esperando en un cruce, repentinamente una moto con dos personas a bordo frenó junto a ella. En un abrir y cerrar de ojos, el acompañante del motociclista echó una sustancia a la cara de la mujer del auto. Ella se bajó agitada, limpiándose como podía la cara y al percibir que el líquido le quemaba todo el cuerpo a través de su ropa comenzó a desvestirse en plena calle. A todo esto la moto ya había desaparecido. Cuentan los testigos que al ver el comportamiento de la mujer varios de los transeúntes se apresuraron a no permitir que se desvistiera y la volvieron a meter en el auto, pensando que la mujer estaba loca. Pero resulta que no, ella no estaba loca, sino que alguien le había echado ácido sulfúrico en la cara y la ropa. El incidente no pasó a tener mayor relevancia para los medios, los cuales lo trataron como una posible venganza de un pretendiente frustrado, basándose en lo sucedido cerca de siete años atrás donde eso mismo le ocurrió a otra mujer, quien al negarle el matrimonio a un compañero de facultad sufrió un ataque de ácido.

Fue luego de algunos días que la conmoción se esparció por la gente de todo el país, cuando el mismo suceso se volvió a repetir una y otra vez, siempre en la ciudad de Isfahán. Los ataques empezaron a tener un denominador común. Las mujeres atacadas eran aquellas cuyo hijab no estaba acorde a los requerimientos islámicos estatales, eran jóvenes y bellas. Dio la casualidad que el parlamento estaba discutiendo en los últimos tiempos sobre la legalización de la reprimenda de parte de los ciudadanos a aquellas mujeres que no respetaran el hijab estipulado, aunque según los parlamentarios las medidas se basarían solamente en advertencias verbales. Pero todo esto se vio combinado con las declaraciones de algún que otro ayatollah en los rezos masivos de los viernes en las mezquitas, donde se alentaba a los buenos musulmanes a combatir las medidas del actual presidente Rohani, el cual aparentemente había flexibilizado un poco los controles sobre la vestimenta femenina.

Durante los primeros días y algunas semanas, el pueblo se manifestó en las calles en contra de estos ataques, de los incentivos del clérigo para estas acciones y de la pasividad del gobierno, el cual declaró tres días de luto por el fallecimiento de uno de los ayatolláh más sanguinarios de todos los tiempos y sin embargo no se pronunció al respecto de los ataques con ácido. La presión comenzó a aumentar en Irán, más y más personas salieron a las calles en protesta por las varias mujeres cuyos rostros quedaron desfigurados y sus ojos dejaron de ver para siempre. Algunos pudieron manifestarse mientras que otros fueron duramente reprimidos. Luego de un tiempo el presidente salió a condenar estos hechos mientras que el representante iraní ante la ONU declaraba solemnemente que esto seguramente había sido planeado por las potencias occidentales. Este argumento es el más común esgrimido por el Estado iraní cuando salen a la luz las cagadas más grotescas en las cuales el gobierno es sospechoso de su ideación.


Es a la distancia que con mucho dolor, un iraní que no habita aquellas tierras se pregunta, ¿por qué? ¿cómo nos permitimos llegar a esto? 

Ali.

18 comentarios:

Anónimo dijo...

he leido sobre tu pais, y permiteme decirte que en los 59 años que tengo, jamas habia leido un mejor resumen, una mejor síntesis de la historia de la revolución iraní.
Felicitaciones.

Marcelo P.

Anónimo dijo...

SOS GENIO PAPÁ!
FELIZ AÑO

Anónimo dijo...

Qué difícil debe ser para las mujeres sentir seguridad cuando en cualquier momento alguien pueda arrojarte ácido a la cara así no mas. no quiero ni imaginarlo.
muy buen artículo chicos.

Saludos y Felicidades.
Ximena

Unknown dijo...

Muy buen artículo amigo! Como siempre. Gracias por compartirlo!
Antonella S.

Anónimo dijo...

Este artícula está de la ostia Montevideo Étnico, al igual que los otros escritos anteriormente.
Pienso que el caso de Irán no es tan diferente en sus conceptos fundamentales de lo que fue, es y será cualquier otro gobierno que utilice la religión con medio para gobernar. La iglesia católica oprimió durante mucho tiempo a pueblos enteros y las más crueles injusticias se cometieron en el nombre de Dios.

Saludos desde España.

José Luis

Anónimo dijo...

notable articulo.

Magda Aguirre dijo...

Como siempre, muy interesante y que dificil esta el mundo!

Anónimo dijo...

notable manera de describir estos asuntos, y debo decir que es muy interesante leer esto escrito por un iraní. Había leido tus artículos anteriores pero no sabía de tu nacionalidad. por estos lados se especula mucho sobre los problemas de las mujeres en el mundo islámico, pero tu mirada y descripción lo hace más rico, ya que los problemas que describis son muy específicos y fueron generados a raíz de muchas presiones sociales y gubernamentales. Por acá muchos piensan que las mujeres iraníes sufren mayor machismo porque "tienen que usar un pañuelo", pero lo ven de una manera general e ignorante. nuestras mujeres son víctimas de machismos irrealistas y crueles, pero la mayoría se piensa que una mujer es victima del machismo por el pañuelo. No es así, hay muchas formas de represión, y vos contas cosas muy interesantes, con una óptica muy enriquecedora y una redacción atrapante y exquisita.
Felicitaciones Alí, y miembros de Montevideo etnico.
Muy buen blog.

Juan Carlos.

Anónimo dijo...

excelente relato, vergonzosa realidad

Anónimo dijo...

muy pero muy bueno chicos. cada dia peor nuestra raza, damos asco

Anónimo dijo...

interesantisimo articulo que describe una realidad tan compleja como la iraní, muy distinta a su vez de lo que ocurre en otros países vecinos, como Siria o Irak.
saludos,

Paula

Unknown dijo...

Impresionante

Anónimo dijo...

muy buena historia, muy buena
gracias

Anónimo dijo...

brillante artículo montevideoetnico. sigan fiel a su estilo que nosotros seguiremos leyendo saludos jorge

Anónimo dijo...

conmovedor articulo.gracias. marta

Anónimo dijo...

realmente impresionante columna.sigan trabajando asi que de seguro sumaran muchos lectores

Anónimo dijo...

muy buen trabajo gente. realmente interesante

Anónimo dijo...

tremendo che. me gustó mucho la intro sobre el tema de la revolucón. buen articulo gente